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La era de la inmediatez

La era de la inmediatez

El panorama empresarial ha sufrido un duro revés en los últimos años. La constante actualización de las tecnologías, nuevas formas de comunicación y el acceso a toda la información ha instaurado en el cliente medio una actitud pasiva, poco comprometida con las marcas.

Son muchos los que vaticinan una era de servicios y no de productos. Mientras tanto, observamos a través de la ventana cómo grandes gigantes tecnológicos crean fans acérrimos que se enzarzan en discusiones en defensa de sus nuevos héroes. Los gigantes tecnológicos, empresas que pueden verse más en el público no especializado, se enfrentan publicitariamente de forma descarada por vender a través de la publicidad más que un producto, una forma de vida, un estilo, una imagen social.

Qué ordenador utilizas, qué móvil gastas e incluso –actualmente disparado y de moda– qué reloj luces, son decisiones que dejan de tomarse con el bolsillo, para tomarse con el corazón –parece ser–. Sin embargo, no hace falta echar muy lejos la vista atrás para ver que todo este comportamiento no era tan normal hace unos años. ¿A qué se debe?

La tecnología nos ha re-educado, hasta el punto que según algunas encuestas digitales, el 19% de los españoles utilizan el teléfono más de 5 horas al día [1]. Es decir, no podemos vivir sin él. Lo que antes teníamos en la cabeza: aquel coche que queríamos tener, esa estilográfica inalcanzable, aquel precioso vestido… Si antes tenías que pasar por aquella tienda al lado del ayuntamiento para ver esa estilográfica, o pasar por aquel centro comercial de la periferia de la ciudad para acercarte a la tienda a ver ese vestido, o pasar por el concesionario de la carretera, ahora está, literalmente, a tu alcance a través de un clic. Ahora está permanentemente en nuestra mano como un deseo que quema, que abrasa, que educa en la compra. La inmediatez de nuestros deseos no nos deja disfrutar los productos que, una vez comprados, pierden la mitad de su valor económico y, en pocas semanas, su sentimental.

El factor espacial, la mitología envuelta en el ritual de ir a comprar aquel producto nuevo a aquel lugar… se ha perdido, parece, casi por completo. Ha sido sustituido por la inmediatez de: cómpralo y mañana estará en tu casa.

La inmediatez ha tenido el efecto contrario a lo que nuestros antepasados creían. En vez de hacernos más críticos, más selectos, más entendidos, ha embotado nuestra razón de deseos que no son nuestros y ha conseguido que lo publiquemos en todas las redes sociales. Las empresas, si bien podría pensarse que son las más beneficiarias de este tipo de comportamiento, también son víctimas de una frenética petición de sus clientes. ¡Dadme más! -Gritan… Cada año algo nuevo, algo mejor, algo distinto, algo único. Quien no puede seguir el ritmo, sucumbe carcomido por la melancolía: podía haberme esforzado más, dice el pequeño empresario, mientras busca en google un nuevo móvil…

¿Cómo afrontar este nuevo paradigma? ¿Cómo crear una empresa capaz de competir eficientemente en los mercados más competitivos a nivel global? ¿Qué vender? O mejor, ¿qué no vender? ¿Qué perdurará en el tiempo?

Tal vez nos tengamos que hacer a la idea de que las empresas deben, ahora y en el futuro, adaptarse constantemente, evolucionar y migrar a otros sectores, apostar y jugar en la ruleta de la inmediatez. Quién iba a decir que una empresa que empezó siendo un motor de búsqueda iba a acabar fabricando gafas…


[1] https://www.europapress.es/portaltic/gadgets/noticia-mas-76-millones-espanoles-consideran-adictos-movil-rastreatorcom-20180710165256.html